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San Valentín en limusina por Barcelona

No hay nada mejor que dar un paseo en limusina: bajar la ventanilla, sentir que el viento golpea suavemente tu rostro, sostener una copa de champán o cava y brindar con una persona muy especial mientras admiráis Barcelona. Sí, está muy bien lo de dar un toque de glamour y distinción a tus reuniones de negocios o ir a un evento importante con la mayor comodidad y privacidad, pero disfrutar de la Ciudad Condal de esta manera no tiene precio.

Las limusinas en Barcelona están dotadas de todos los servicios y comodidades necesarios para que el confort forme parte de tus traslados. No tendrás que preocuparte de nada, tan solo de disfrutar. Sin prisas, sin falta de puntualidad, sin necesidad de buscar el lugar idóneo para aparcar, un coche de alta gama te llevará donde tú le pidas con el mayor rigor y seriedad. Las limusinas difieren unas de otras en cuanto a prestaciones y características se refiere, desde la Lincoln Town Blanca de línea refinada, clásica y sofisticada a la Chrysler C 300 de gran distinción y exclusividad, pasando por la Ford Expedition Rosa llena de feminidad y estilo. ¿Por cuál te decantas?

El Día de San Valentín es uno de esos momentos en los que triunfa el amor y la amistad, una celebración que cuenta con una larga trayectoria y que está presente en todo el mundo. El 14 de febrero es el día en el que se deja a un lado el estrés y la cotidianidad para vivir momentos sumamente especiales con la persona o personas amadas. Contratar una limusina es algo diferente e innovador que sorprende muy gratamente. Vestiros con vuestras mejores galas, abrir una botella de champán o cava para celebrar que estáis juntos y que os habéis encontrado y disfrutar del paseo por los lugares más bellos de Barcelona.

¿Por qué es tan importante El día de San Valentín?

Lo ideal sería que el amor no estuviera supeditado a un día concreto, sino que pudieras disfrutar del día a día y vivir ese estado de plenitud los 365 días del año. Sin embargo, a lo largo de la semana son muchas las responsabilidades que nos llegan y parece imposible pensar en otra cosa que no sea trabajo, casa y gastos.

El Día de San Valentín es especial por múltiples razones. Muchos piensan que se trata de otro día comercial impostado por comercios y grandes almacenes para que la gente tienda a consumir, pero se equivocan. Festejar el amor debe formar parte de nuestra tradición, de nuestras viejas costumbres, porque de otra forma no encontraríamos el momento o la voluntad para hacerlo. No se trata de hacer regalos sino de hacer feliz a nuestra pareja.

El día del amor y la amistad, es así como se llama en otros países del mundo, comenzó a celebrarse en la antigüedad. En Roma tenía lugar una fiesta pagana conocida como Lupercalia, en el que las mujeres llevaban a cabo una especie de ritual rocambolesco para que les fuera otorgado el don de la fertilidad. Sin embargo, unos siglos después se prohibió por orden del Papa Gelasius I y, en su lugar, se estableció el 14 de febrero como fiesta en honor a San Valentín, el patrón del amor, cuya historia resulta un tanto ambigua. Sobre su identidad se tienen varias versiones, desde un hombre que casaba en secreto a soldados hasta un cristiano encarcelado por su fe que recibía mensajes de cariño de los niños.